Mamá quiero ser Artista

Los artistas de la ceja han decidido posicionarse del lado de los sindicatos UGT y CC.OO, en la próxima huelga que se realizará contra los empresarios. Al estallar la noticia, muchos han sido los que se han sentido escandalizados. Yo, no. Me parece un capítulo más de lo evidente. Esta escenificación viene siendo la habitual entre una casta presidida por la haraganería, el dinero fácil y la pose pseudo intelectualoide. Mientras estos personajes se reunían con Cándido Méndez y Fernández Toxo clamando contra el modelo neoliberal, el secretario general de Innovación e Industria de la Comisión Ejecutiva Confederal de la UGT, Patxi San Juan, se regalaba a sí mismo un ágape en forma de menú degustación con 35 platos, al módico precio de 300 euros, en el lujoso restaurante El Bulli, propiedad de Ferrán Adriá. Que digo yo que no es la típica comida de los obreros (ni de los empresarios siquiera). Y es que pasa lo de siempre, que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

A ninguno nos cabe la menor duda que, tras el manifiesto y cóctel en el Círculo de Bellas Artes (que no en una tabernilla de barrio), los Sabina, Juan Diego, Juan Diego Botto, Pilar Bardem, Ramoncín ó Juan Echanove, no partieron hacia un bar cutre ó un pub perdido, sino hacia un restaurante de categoría ó una discoteca de última moda. Quizás, quien sabe, si incluso hacia algún local de su propiedad. Porque resulta curioso este apoyo a los sindicatos políticos frente a los empleadores, cuando muchos de ellos resultan ser propietarios de establecimientos, es decir, empresarios.

Y como dueños de un negocio, también intentarán abaratar costes, incluidos los relativos al personal. Es más, sabiendo del amor por el dinero de estos individuos (que son más capitalistas que cualquiera de nosotros), no extrañaría el cobro en dinero B de sus empleados. Me gustaría estar presente para apreciar la reacción de estos chiquilicuatres, en una supuesta huelga de sus asalariados contra ellos. Por ejemplo, el “pobre” Sabina, es propietario de una serie de restaurantes de los llamados Tex Mex (malísimos, por cierto). ¿Aguantaría que los que trabajan para él le montaran una huelga amparándose en los males del capitalismo? Pues no, diga lo que diga. Con subterfugios y letrados de alto coste, despediría a esos empleados, pasándose por el forro el derecho de huelga.

Los músicos, para sus actuaciones en directo, llevan en nómina a una serie de acompañantes técnicos. ¿Aceptarían de buen grado una huelga de sus colaboradores en medio de una bien remunerada gira? Porque la realidad es tozuda. Estos que protestan contra el neoliberalismo manifestándose contra aquellos que generan empleos, son a su vez empresarios que, por supuesto, no admiten que sus empleados estén afiliados a lo sindicatos. Y los sindicatos lo toleran, a cambio del apoyo de los famosetes, para el mantenimiento de su status. Aquí los trabajadores no pintan nada. Son los empleados del sindicato los que reclaman la seguridad de sus puestos de trabajo. Si, por el contrario, los siempre mentados “obreros”, tuvieran alguna importancia, las agrupaciones sindicales no sustentarían a un gobierno que esta privando del derecho al trabajo a todos los españoles.

Mientras, músicos y actores receptivos a las protuberancias pilosas que crecen en el arco superciliar del ojo, siguen percibiendo cánones y subvenciones varias, con las que ir a cenar a El Bulli ó comprarse un piso de 300 metros en los mejores barrios de Madrid, donde por cierto, siempre gana la derecha en cualquier elección.

Yo no quiero cenar en El Bulli porque me gusta identificar lo que como pero, quiero un abono en el Estadio Bernabéu, una sala de cine en mi casa (en la que nunca se proyectara cine español), ó un pisito de veraneo en propiedad en mi querido San Roque (Cádiz). Y no tener que preocuparme por el día a día de mi negocio y, por ende, del futuro de mis empleados. Porque yo sí que ejerzo de sindicato para ellos. A los de la ceja, UGT y CC.OO, igual les da que trabajen ó se vayan al paro. A cobrar los 420 euros, de los que aún les sobrarán 120, después de pasar por el menú degustación de El Bulli.

Pero para vivir realmente bien, “Mamá quiero ser artista”.

Antonio Ramírez

5 comentarios

  1. Es vergonzoso loque estamos viviendo.
    Lo malo es que se nos viene envima un futuro más que incierto.
    Saludos

  2. Son unos vividores, unos sinvergüenzas. Además hay
    que contar que los sindicatos cuando negocian un ERE con la empresa y los trabajadores aplican un
    canón sindical en el cual el trabajador sin que este afiliado al sindicato correspondiente tiene que pagar
    obligatoriamente un porcentaje al sindicato que automáticamente sera descontado de su indemnización por despido y el empresario antes de
    ejecutar la indemnización descuenta este canón con
    el porcentaje correspondiente para entregaserlo de
    forma obigatoria al sindicato. Esto es así, con lo cual
    los sindicatos se estan forrando acosta de los ERES
    Y los porcentajes pueden ascender a más de 3000 euros, según la indemnización del trabajador, El
    trabajador en vez de disfrutar de su indemnización entera deberá pagar este canon sindical a
    estos sindicatos que son autenticos parásitos de la
    sociedad y que se aprovechan sobremanera de los
    trabajadores de nuestro país

  3. Hay que comprenderlos, pobrecillos, sino fuera por las subvenciones ¿de qué iban a vivir? No saben trabajar, no saben hacer otra cosa que moverse a la voz de su amo. Y que me perdonen los cánidos por semejante comparación.

    ¿Unos sirvergüenzas? No , por Dios, lo que son es gente que sabe lo que quiere y no le importa hacer lo que sea por conseguirlo…

  4. Oye no he podido comentar en el post de los hipócritas de la libertad de expresión. Intenté entrar al post del diccionario frenesí pero me pide clave, a ver si podés mandármela que quiero consultar unas cosas.

    No entiendo bien qué fue lo que pasó, si pudieras explicarlo mejor sería bueno.

    Saludos.

  5. Perdonad que utilice este post para comentar al de libertad de expresión, pero es que los comentarios están cerrados en el post citado.

    No entiendo por qué hay que insultar. Y desde luego es curiosa la movilización que provoca un articulo que escueza a cierto sector.

    Yo os apoyo en cuanto a la libertad de expresión y rechazo expresamente cualquier forma de insulto. Pensar distinto no tiene que llevar a nadie a sentirse agredido.

    Un salu2

    Luisa

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