Aprendiendo a Contar con Barrio Sésamo

DracoLa gran manifestación a favor de la vida terminó. Todos los que asistimos, teníamos la curiosidad de saber cuántos integrábamos aquella inmensa marea humana, que se había congregado para decirle al gobierno que, con las vidas humanas, no se juega. Con avidez nos sentamos ante el televisor para ver las noticias. Las cifras se comenzaron a desgranar y, para alegría de los que amamos la vida, sentimos la inmensa victoria que ya habíamos percibido in situ. El locutor, circunspecto, narraba: “según la organización, los asistentes han alcanzado la cifra del millón y medio; los responsables de la Comunidad de Madrid estiman la presencia de un millón doscientas mil personas…” Hasta aquí perfecto. La Comunidad, en buena lógica, realiza sus estimaciones a la baja pero, aún así, la cantidad de manifestantes seguía siendo mareante.

Pero, cómo no, llegan las cifras presentadas por la Delegación de Gobierno. Por cierto, en todas las cadenas se ofrecieron bajo el apelativo “según la policía”, cuando siempre se ha señalado a la Delegación de Gobierno como responsable del conteo. ¡Por algo será! Y ese algo fue que, no se sabe cómo, se sacaron de la manga la cifra de 250.000. Es decir, u organizadores y Comunidad no tienen ni repajolera idea de contar; o es la Delegada de Gobierno a la que le falla la cuenta de la vieja; ó de nuevo, nos quieren vender la bacalá, como si fuéramos del género estúpido. Porque, el kilómetro y medio de distancia entre la Puerta del Sol y la Plaza de la Independencia, estaba absolutamente tomado. El recorrido discurría por la calle de Alcalá, que tiene más de 15 metros de ancho. Además, las plazas de Cibeles e Independencia, amplias y con capacidad para albergar a multitudes (recordemos que sólo en Cibeles, el domingo anterior a la designación de la sede de los Juegos Olímpicos, se congregaron 400.000 personas, según los datos de la Delegación de Gobierno), estaban rebosantes de público. Pues aún con esas, nos ofrecieron el dato de 250.000 manifestantes.

Para más INRI, la edición digital del periódico gratuito “Qué!” (otro bodrio de Vocento, mis disculpas hacia los diarios de verdad, por la consideración de periódico que le he otorgado), recoge la cifra ofrecida por la Agencia Lynce. Este grupo de impresentables, que dicen contar a los asistentes uno a uno, afirma que el número exacto de participantes fue de 55.316. Se reservan un error de más/ menos el 15%. Pues parece que el ojo de lince les ha fallado y necesitan de lentes correctoras. Ésa sería una explicación plausible, por la cual la citada agrupación utilice la “Y” en su nomenclatura, en vez de la “i”. La otra posibilidad es que sean una manada de apesebrados que, en una pose progre, han querido hacerle un guiño al gobierno, a cambio de vaya usted a saber qué. No se extrañe nadie que, en las próximas elecciones, los sondeos que encarga el PSOE, traigan el marchamo de Lynce, en lugar de proceder de Demoscopia ú otra similar. Los del Gobierno no que, para manipular datos, ya tienen al CIS (Centro de Intereses Socialistas).

Claro que, a los que crecimos con Barrio Sésamo, es difícil que nos engañen en materia de contar. El Conde Draco, Coco, la Canción del Siete,… Demasiados amiguitos iluminándonos en el arte del conteo. ZP, como amigo de Obama, aborrece Barrio Sésamo. Los padres del buenismo intergaláctico, son más de la cuerda de la demagogia y, si algo tienen las cifras, es su exactitud. No se andan por las ramas para no decir nada. Hay lo que hay; guste ó no guste. Quizá por ello, desde el advenimiento de Presidente Propaganda norteamericano, han surgido de entre su legión de seguidores, unos cuantos críticos del programa parido por Jim Henson. Estos progres afirman majaderías tales como que Epi y Blas (Ernie and Bert, en los EE.UU) son homosexuales ó que Triki, el monstruo de las galletas (The Cookie Monster, en el original), incita a la bulimia infantil.

Pues que queréis que os diga. Yo engullí los capítulos de Barrio Sésamo (y anteriormente los de ¡Ábrete Sésamo!, que fue la denominación con la que llegó a España) y, ni he desarrollado una atracción sexual hacia los hombres ni me he dejado enganchar por las garras de la bulimia. Y como yo, aquellos de mi generación que conozco. Epi y Blas nos parecían divertidos, al igual que Triki, Coco y los demás.

Más parece que, los instrumentos del Estado cada vez están más entregados a intereses partidistas de este Gobierno, y cual si del mago Arístides se trataran, nos pretendieran embaucar con un truco, escondido tras el sortilegio: “Al rico helado de piña para el niño y la niña”.

Lamentablemente para ellos, nosotros sí nos aprendimos las lecciones numéricas del Conde Draco, sus murciélagos y los truenos que retumbaban puntuales a su cita para ser contados. Y este sábado, se han desencadenado millón y medio de truenos, que avecinan una tormenta perfecta sobre la cabeza de ZP. Después de la tempestad, suele llegar la calma pero, para este presidente y sus acólitos, no parece que vaya a escampar.

Antonio Ramírez

2 comentarios

  1. Nos quieren hacer tontos.

  2. Estos no hablan para nosotros hablan para su tropa
    indocumentada que se creen a pie juntillas lo que
    dice la comandita indocumentada zapateril. Pues
    se sabe que se mide perfectamente una manifestación y se calcula perfectamente el número de personas según los metros cuadrados del recorrido y aledaños de la manifestación. Pero claro
    interesa manipular a los “cudadasnos” fieles a la
    tradición zapateril

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