El Respeto: ¿Qué es? ¿Para qué sirve? Manual del Usuario

El lunes se celebró el tradicional desfile de las Fuerzas Armadas que, sospechosamente, careció de gradas para el público. Muchos nos rumiábamos que ZP, después de los silbidos de años anteriores, pretendía acallar la voz del pueblo. Lejos de lograr su maquiavélico objetivo, se topó con la mayor pitada de los últimos años. Los gritos de “¡Zapatero, dimisión!, resonaron estruendosos por encima del sonido de las turbinas de los F- 16, por más que el presidente pretendió esconderse bajo las faldas de los Reyes.

Claro está que, semejante noticia recogida por todos los medios de prensa, no podía acabar con la callada por respuesta. El PSOE, y la izquierda en general, se han acostumbrado a la tiránica fórmula de tener siempre la última palabra, en su vano intento de silenciar a los que no comulgamos con ruedas de molino. Es por ello que, hoy, María Teresa Fernández de la Vega, tachaba a aquellos que se mostraron contrarios a la gestión gubernamental, como integrantes de la derecha radical. A su retorcida opinión, se sumaba Gaspar Llamazares, dedicando lindezas tales como: “hay medio millón de extremistas de derechas cabreados” ó “se trata de una derecha mal educada que igual que insultan por la calle, insultan colectivamente en un desfile, aunque sea un Acto de Estado y, a él, también le pasa habitualmente”. Llamazares bastante tendría que ocuparse con lo suyo pues, más que probablemente, los insultos que él reciba procederán de los integrantes de su formación, a los que tiene fritos con sus constantes meteduras de pata.

Para engordar la pava un poco más, la portavoz intergaláctica de PSOE, Leire Pajín, tampoco pudo superar sus ansias por expresar su opinión. Favor nos hubiera hecho a todos guardando silencio, pero Leire no es de esa clase. Su versión sideral debe alcanzar los oídos de todas las constelaciones pues, al fin y a la postre, es una enviada del futuro. Así pues, armada de su verbo fluido y su sapiencia infinita, dejó constancia de su sospecha relativa a la falta de espontaneidad de los abucheos. Inspirada por su tercer ojo, e imbuída del espíritu saboteador de elecciones de Rubalcaba, atisbó en su bola de cristal que, una confabulación judeo- masónica de la derecha radical, había pergeñado un plan de erosión de la figura de ZP, al grito de la consigna “Zapatero, dimisión”. Se sospecha de un niño de siete años con gorrilla naranja, como cabecilla y principal inductor de esta engrasada maquinaria, que pretendía un golpe de Estado encubierto, delante de una nutrida representación del ejército (ONG) español, que a su vez quedaría desarmado, ante la agresión auditiva de 500.000 gargantas desafinadas.

En cualquier caso, hasta aquí lo normal. La izquierda en general, y el Gobierno en particular, tiene por norma acusar de fascista- golpista, a todo aquel que no se aviene a hacer reverencias al paso de ZP. No es tan normal, aunque en su caso empieza a resultar enervante que, Gallardón, en animada charla con el peor presidente de la democracia, acusara a los que se manifestaron en contra de la nefasta gestión socialista, de irrespetuosos por no haber elegido otro día para su protesta.

A Don Alberto cabe recordarle que, los políticos, se desplazan en coche oficial, avión ó helicóptero, hasta para visitar el retrete. Nadie espera encontrarse con los integrantes de esta casta en el transporte público (por más que a los ciudadanos prácticamente nos fuerzan a utilizarlo. Predicar con el ejemplo, creo que lo llaman). Tan sólo se dan baños de multitudes plebeyas, cada cuatro años, que es cuando toca mendigar los votos. Por tanto, ya que los políticos no acostumbran a asomar la gaita, ese momento era tan bueno como cualquier otro, para elevar su protesta. Nadie insultó a las Fuerzas armadas ni a Su Majestad El Rey. El destinatario de las iras del público fue únicamente ZP, y razones tiene la gente para estar de uñas. Si a esos mismos españoles vociferantes, se les hubiera garantizado una hora para arremeter contra ZP, en una fecha determinada, un día concreto y una ubicación señalada, quizás no hubieran hecho uso de su derecho de protesta el 12 de octubre. Pero Gallardón no entiende estos razonamientos porque, para empezar, él también es de los que encajan mal la crítica, aunque proceda de aquellos que abonan su salario.

Ya que el alcalde alude a nuestra falta de respeto (yo no estaba presente pero me solidarizo con los que ejercieron su derecho de crítica), creo que me veo en la obligación de explicarle qué son las faltas al respeto.

Falta de respeto es pedir el voto para un programa que uno está dispuesto a saltarse antes de dicha solicitud.

Falta de respeto es negociar con terroristas e injuriar a los familiares de las víctimas.

Falta de respeto es llamar a los terroristas “hombres de paz”

Falta de respeto es prometer el pleno empleo y a cambio generar cinco millones de parados.

Falta de respeto es mandar al ejército a una guerra y decir que se trata de una misión de paz.

Falta de respeto es mandar soldados a Afganistán con vehículos no blindados contra minas mientras los que sí están preparados, desfilan por las calles de Madrid.

Falta de respeto es querer silenciar a los disconformes a base de subsidios.

Falta de respeto es comprar a los grupos afines con subvenciones, cánones ó memorias históricas.

Falta de respeto es vender parcelas de España a secesionistas a cambio de votos para mantenerse en la poltrona.

Falta de respeto es hacer pagar a los españoles a base de impuestos, los dislates y dispendios de un gobernante negligente.

Falta de respeto es llamar a esta imposición “pequeño esfuerzo”, mientras se sube un 4,6% el sueldo de sus 640 asesores.

Falta de respeto es no llamar crisis a la crisis ó recesión a la recesión.

Falta de respeto es juguetear con el fondo de pensiones después de acusar a los adversarios de albergar malas intenciones referentes al futuro de los pensionistas.

Falta de respeto es mantener a Garzón en la Audiencia Nacional y a Conde Pumpido en la fiscalía, para que ejerzan de inquisidores con el contrario.

Falta de respeto es dejar huir terroristas y luego encargar la investigación del chivatazo al inspector teledirigido desde el Ministerio el Interior.

Falta de respeto es pasarse por el forro las jornadas de reflexión.

Falta de respeto es matar seres humanos nonatos mientras te envuelves en la bandera del pacifismo.

Falta de respeto es arremeter contra la religión mayoritaria favoreciendo a las minoritarias.

Falta de respeto es perseguir la destrucción de las familias y anular el derecho paterno a educar a sus hijos en los valores propios.

Falta de respeto es presentar a tus hijas hechas unos adefesios en una recepción oficial ó dejar de acudir a una cita con un primer ministro por estar cansado.

Pero también es falta de respeto:

Minar al partido de la oposición del que se forma parte para satisfacer unas ansias de poder desmedidas.

Boicotear cajas de ahorro para poder manejar los fondos regionales.

Crear el mayor agujero económico en un ayuntamiento español.

Firmar leyes de capitalidad vacías de financiación.

Permitir ínfimas obras eternas en la Puerta del Sol, para no enfrentarse con el Gobierno de la Nación.

Acometer obras faraónicas, en muchos casos innecesarias.

Hacer pagar a los ciudadanos dos veces un impuesto sobre basuras y, a pesar de ello, multar a quien no recicle.

Rebajarse con el Grupo Prisa mientras éste calumnia a tus compañeros de partido.

Perseguir periodistas sólo porque, en su opinión, “le faltan al respeto”, mientras deja que su oponente a la alcaldía le acuse de andar en devaneos amorosos con una dama sospechosa de corrupción.

Nombrar a personajes como Alicia Moreno, en nada afines a sus votantes, sin importarle la opinión de aquellos que le eligieron.

Postularse a favor de los matrimonios homosexuales, aunque el programa de su partido se mostrara contrario.

Aplicar tibieza a temas como el aborto, santo y seña del centro- derecha español.

Convertir a la Policía Municipal en un órgano recaudador de burócratas uniformados.

Etc, etc.

Visto de esta forma, señor Gallardón, ¿quién falta al respeto a quién?

Antonio Ramírez


5 comentarios

  1. Buenisimo Antonio.
    Un beso.

  2. Estupendo Antonio. Y estoy de acuerdo contigo “No
    Nos falta de Naaa”

  3. No nos falta de Naa Antonio, Desde luego que no.Y
    para muestra tu artículo que defiene muy bien la
    situación en la que nos encontramos

  4. Contundente artículo el tuyo, sin duda. Sin embargo, yo creo que el desfile debería servir principalmente para conocer y reconocer la labor de las fuerzas armadas. Por cierto, a ese respecto, ¿qué te ha parecido la campaña institucional de este año con personajes famosos?

  5. Alexandra, que aquel no fuera el foro más adecuado para la protesta es sabido pero, entonces ¿cuándo van a protestar si ZP no hace acto de presencia? En cuanto a la campaña institucional me parece un gasto innecesario. Las Fuerzas Armadas ya tienen buena acogida entre los españoles, no así algunos de los personajes como Concha Velasco.

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