Llegada esta época, muchos somos los que cambiamos nuestro habitual lugar de residencia, por un minúsculo apartamento, por supuesto mucho menos confortable, pero eso sí, adosado a la playa. Esa determinación de huída hacia la costa, amén de una desesperada búsqueda de asueto, lleva aparejada una serie de inconvenientes que, este año, por mor de la gestión del gobierno socialista, se multiplican por mil.
Muchos pensaréis que puede ser una exageración y un afán de un servidor por atacar a ZP con cualquier excusa. Parte de razón tenéis pero, hay que reconocer que, el presidente por accidente, siempre está presto para dotarme de las mejores armas con las que poder atacarle con saña. Sus medidas incomprensibles para el ciudadano de a pie, acaban por estropearle su mes de asueto, mientras el jerarca se pasa casi dos meses vacacionales, viviendo a todo tren.
Para empezar, está el tema del empaquetamiento, es decir, las maletas. El padre de familia, dos días antes de marchar, descubre que, como cada año, los bañadores se le han quedado pequeños, cuando no están tan tiesos que hasta se mantienen en pie por sí mismos. Otros años procedería a comprarse un par de ellos para sustituir los antiguos pero, este verano, con la amenaza de un ERE a su regreso en septiembre, tira con lo que hay, aún a riesgo de ser confundido con un salchichón embutido. Si de él hubiera dependido, ni siquiera hubiera escapado de vacaciones pero, es consciente que, aguantar a los niños en Madrid, es tarea imposible. Además, a 5 euros diarios de piscina por miembro de la familia, más los gastos en bocadillos para comer en el recinto acuático, la broma se pone por un pico. Ese mismo ERE amenazante, hace que descarte cualquier posibilidad de viajar al extranjero, pues teme que el bolsillo no le alcance, y la solución evidente es el traslado a las playas patrias.
Así que, ese hombre, empieza a desarrollar sus dotes de ingeniero para acoplar el equipaje en el coche. El tren quedó descartado desde que RENFE, con la recomendación gubernamental, subió las tarifas un 20% a inicios de año. Este verano, a fin de evitar la proliferación de bolsas en el traslado, ofreció a su mujer llevar una maleta más. A la hora de cargar el coche, encuentra que, a pesar de añadir una maleta, las bolsas siguen apareciendo en igual cantidad. Es la célebre teoría de las bolsas de plástico que reza así: “En todo equipaje que contiene bolsas de plástico, el número de estás no experimentará ninguna variación, aunque la cantidad de maletas para suplirlas, aumente hasta el infinito.” Es decir, B (de bolsas, claro está), permanece constante.
Así pues, resignado y con el auto cargado cual si de un moro se tratara, coge carretera y manta. Pronto se topa con el consabido atasco y, al nerviosismo habitual en este tipo de situaciones, se añade ahora la del importante gasto en combustible. El pater familias mira la aguja de la reserva de gasolina, asustado ante la perspectiva de tener que repostar, tras la última subida ordenada por el gobierno (eso sí, ha sido una subida social, pues es por nuestro bien). Para aplacar su ansiedad, enciende un cigarrillo y, mientras da una bocanada, recuerda lo caro que se ha puesto fumar, gracias a las dos elevaciones de impuestos ordenadas por ZP en lo que va de año. El hecho de saber que las subidas han sido por el bien de su salud, en nada calman al conductor que, a la tensión natural del viaje con los niños molestando en el asiento posterior, añade ahora la que le produce el incremento inesperado de los gastos. Gracias a Dios, es capaz de aplacar los nervios antes de convertirse en una bomba de relojería rodante.
El atasco finalmente se disipa y, para recuperar algo del tiempo perdido, pone su vehículo ha 121 km/hora. Un poco más adelante, es parado por la Guardia Civil, que le impone una multa por exceso de velocidad, ya que sobrepasaba en un kilómetro hora, la velocidad permitida en las autopistas. Él objeta educadamente al agente, exponiéndole que circulaba dentro del 10% de margen autorizado por la Ley de Seguridad Vial. El agente, también con educación, le explica que el gobierno socialista ha cambiado esa norma, y le impone 300 euros de sanción. A su vuelta descubrirá en el taller mecánico que, los velocímetros de todos los coches, se mueven en un desfase que ronda el 3% y que, la próxima vez, tendrá que evitar pasar de los 115 km/hora, si quiere evitar males mayores.
Más que fastidiado, alcanza su destino y, tras descargar el equipaje, procede a cambiar el atuendo de persona respetable, por el de dominguero playero. El bañador acartonado le produce rozadura mientras peregrina hacia la playa, con la sombrilla al hombro, la bolsa de playa colgada del otro y la silla plegable en la mano libre. El apartamento en primera línea que han alquilado, está a más de 300 metros de la arena. Casi necesita un autobús para alcanzar la playa, pues el sol que cae de plano sobre su cabeza, está a punto de producirle un golpe de calor. Al parecer, la nueva Ley de Costas aprobada por el gobierno ZP, impide una proximidad mayor a la playa. A pesar de ello, el alquiler le ha salido un 10% más caro que el año anterior.
Finalmente alcanza la arena y, tras sortear infinidad de toallas y bañistas, consigue plantar la sombrilla. Aguanta estoicamente la actitud del niño cojonero de los vecinos de parcela en la arena, que se obstina en lanzarle puñados de tierra y en chapotear junto a él cada vez que se acerca a la orilla. Sus hijos imitan los modos del vecinito, haciéndole la vida imposible. A punto está de dar un cachete a sus vástagos, pero se frena a tiempo. Más de una anciana está atenta a denunciarle por malos tratos infantiles, si se le ocurre levantar la mano a cualquiera de los niños. Por supuesto, tratar de obligar a la madre para que sea ella la que se encargue de calmar a los pequeños energúmenos (ahora más revolucionados al ver los pechos de varias bañistas que hacen top less en la playa familiar), tampoco está admitido, pues podría provocarle algún trastorno psicológico, que atentaría contra la Ley de Discriminación Positiva.
Después de un baño en el que es picado por una medusa, de ensuciarse los pies con el alquitrán de la orilla (fruto del hundimiento de un petrolero y cuya noticia pasó desapercibida en los noticieros oficialistas), y de estar a punto de tropezar con una sandía semienterrada en la orilla, decide acercarse al chiringuito más próximo. Dos kilómetros de paseo le dejan claro que no hay ninguno. Los socialistas se han encargado de cerrarlos todos, apoyados en una nueva ley gestada por el actual gobierno. Con la lengua pastosa, opta por ponerse las chanclas de tiras (una de las cuales ya se ha roto y le obliga a parar cada diez metros para recolocarla), y recorrer los 300 metros hacia el interior, en busca de líquido. Encuentra una máquina de refrescos (tras sortear dos que estaban estropeadas) y se compra una cerveza a precio de oro. El aumento de los impuestos sobre los alcoholes, unido a la zona turística en la que se halla, han emparejado el precio de la cerveza, con el del Dom Perignon.
No obstante, retorna exhausto hacia la playa, degustando la fría bebida. Al poner un pie en la arena, un policía local aparece de la nada, para imponerle una sanción por introducir bebidas en la costa. Una nueva normativa socialista, impide tal hecho. De nada le vale aludir a la falta de chiringuitos ó a la deshidratación que estaba a punto de padecer. Cien euros como cien soles, vuelan de su cartera como por ensalmo. Entretanto, y junto a ellos, un joven observa atento la situación, fumándose un canuto descomunal, cuyo aroma envuelve tanto a nuestro hombre como al policía local, que se gira y le sonríe.
Estupefacto, paga y vuelve hacia donde se encuentra su familia. Los niños están hambrientos y su mujer sugiere, ir a comer a un restaurante. Se adentran de nuevo más de 300 metros y, al fin, tras pasar por delante de varios locales de restauración cerrados por quiebra, encuentran uno en el que poder saciar el apetito. Está vacío pues, los visitantes andan cortos de liquidez, gracias a la impeorable gestión de la crisis por parte de ZP y los suyos. Además hace un calor horrible. El propietario, dadas las subidas tarifarias de la luz, se niega a poner en marcha el aire acondicionado. Así pues, sudando, reciben las cartas del menú. Aparecen en alemán, inglés, francés e, incluso, croata. De español, nada de nada. Nuestro hombre solicita ver los platos en castellano, a lo que el camarero, solícito, les contesta en un perfecto finés que, la política de inmersión lingüística apoyada por el PSOE, le multará si hace uso del idioma español. Sin entender ni papa de lo que el mozo les comenta, deciden pedir los platos, sorteándolos a cara ó cruz. Acabado el proceso, el camarero se lleva la moneda pensando que se trata de bote. Como cabía esperar, lo que les sirven es contrario a sus gustos. Pagan un dineral, acompañado de una segunda propina, y salen sudorosos del restaurante.
Nuestro protagonista, a estas alturas, está ya tan destrozado psicológicamente que, podría asesinar a ZP. Desea volver a su lugar de residencia y, si no lo hace es porque, tal vez, sean las últimas vacaciones que podrá permitirse con su familia, si finalmente acaba en el paro. Pagará estoicamente cuántas multas surjan (que serán muchas), contando los días para volver a casa, y esperando no ser víctima a su regreso, del temible ZapatERE.
Antonio Ramírez
Archivado bajo: Desgobierno, Economía, Españá, Humor, socialismo | Etiquetado: CRISIS, impuestos, paro, PSOE, ZP

Genial.
ZP dejará España como un solar. Entonces ZP dirá: como los solares no se amortizan, en general, en Contabilidad, estamos ahorrando en gasto público.
Y el aborregado pueblo español volverá a votar PSOE.
La verdad es que contra tu artículo no hay nada que decir, la canción de Los Nikis “no vuelvo a ir a Benidorm”, se queda muy corta.
Me río, pero es mas bien de llanto el pensar hasta donde puede llegar la cara dura de un presidente y la paciencia de un país.
Saludos amigo.
ja ja .. la verdad, es que no hay nada más que decir, la situación, se siente, se palpa….
¿Realidad o ciencia ficción? A veces la realidad supera la ficción…
Perfecta la narración!
A mi me ocurre lo mismo ,siempre tengo tema para atacar a Zp ERE!!!
Es una fuente inagotable!
La realidad supera la ficción. ZP nos dejara España
como un desierto, pero sin ningún oasís.
Pues es “ná” la que les espera a nuestros hijos y nietos con la financiación autonómica y la carga que, en términos de deuda, supondrá para las próximas generaciones de españoles. El flautista toca de nuevo y esta vez no serán las ratas las ahogadas.
ver El flautista toca de nuevo
Qué zalamero es el Zamelín
a cada niño, un caramelín.